En todo tiempo sean blancas tus vestiduras

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  • Eclesiastés 9 (puedes leer todo el capitulo)

    8 En todo tiempo sean blancas tus vestiduras, y nunca falte aceite perfumado [gozo] sobre tu cabeza.
    a todos les sucede lo mismo: al justo y al impío. Antes de Cristo, todos los hombres que murieron fueron al lugar de los muertos, a esperar. Hebreos nos dice que los hombres poderosos de Dios en el Antiguo Testamento no podían entrar en el cielo hasta después que los discípulos y seguidores de Cristo habían sido hechos perfectos; y cuando ellos entraron en... Ver más el reino de los cielos, entonces los profetas pudieron también. El apóstol, escribiendo en Hebreos acerca de los profetas de antaño, dice:

    Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a espada. Anduvieron de un lado para otro cubiertos de pieles de ovejas y de cabras; pobres, angustiados, maltratados.
    El mundo no era digno de ellos. Andaban errantes por los desiertos, por las montañas, por las cuevas y por las cavernas de la tierra.
    Y todos éstos, aunque recibieron buen testimonio por la fe, no recibieron el cumplimiento de la promesa,
    para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros; porque Dios había provisto algo mejor para nosotros. Heb 37:40

    Por lo tanto, los justos y los pecadores del Antiguo Testamento tenían un destino común, por lo menos por un tiempo: la muerte. Ahora hay diferencias radicales y fantásticas entre la muerte de los justos y la muerte de los pecadores.

    Porque después que Jesús vino a abrir el reino de los cielos a los hombres, había entonces y ahora una muerte que era diferente: una muerte del espíritu egoísta en la cruz interna de la negación propia, en cuya muerte Jesús dijo que el Padre y él vendrían y harían su habitación [morarían y vivirían] en aquellos que le aman y le obedecen. (23) Habitaré y andaré entre ellos. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. 2 Cor 6:16 y para que Cristo habite en vuestros corazones por medio de la fe...para que así seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Efe 3:17-19 y hasta que todos alcancemos la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, hasta la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Efe 4:13.

    Jesús nos ha prometido que sus discípulos, (y nosotros que creemos en la promesa), serían uno con Jesús y uno con Dios. Jesús ha descrito cómo serían trasladados al reino del cielo adentro y alrededor de ellos. Estas promesas son la verdadera esperanza de los verdaderos creyentes. Con esta verdadera esperanza, su fe obediente puede purificar sus corazones y sus almas, para que ellos puedan ser presentados perfectos como compañía aceptable para la comunión con el Padre y el Hijo. Porque sin pureza, la comunión es imposible: Porque ¿qué compañerismo tiene la rectitud con el desorden? ¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas? 2 Cor 6:14.

    Para que todos sean una cosa, así como tú, oh Padre, en mí y yo en ti, que también ellos lo sean en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. Juan 17:21. Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente unidos, Juan 17:23.

    Estas promesas están más allá de la capacidad de la mayoría de los hombres para oír, entender, y creer; sin embargo, son claramente pedidas por Jesús, y sabemos que todas las oraciones de Jesús sin duda han sido contestadas. Esta es las buenas nuevas que Jesús vino a predicar — la disponibilidad de la restauración del hombre a la imagen de Dios, perdida en el jardín; pero aún más allá — a la unión con Dios, trasladados al reino de los cielos dentro y alrededor de ellos, mientras todavía están vivos en la tierra. Que donde yo esté, también ellos estén conmigo. Juan 17:24. Esto es para que sus discípulos estén con él, en compañía de él, en el reino de los cielos. Esto significa ser trasladados al reino de los cielos porque Dios nos ha librado de la autoridad de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo amado, para tomar parte de la herencia de los santos en luz. Col 1:12-13, y en esta luz tenemos comunión con otros santos, y con el Padre y el Hijo. 1 Juan 1:3.

    El amor con que me has amado esté en ellos, y yo en ellos. Juan 17:26. El mismo amor que el Padre le otorga a Jesús, es dado a sus verdaderos seguidores, y Jesús también ha de estar en ellos. Dios es amor. Sabemos que él le ha dado una cantidad infinita de amor a Jesús; ahora Jesús le pide al Padre que haga lo mismo con sus verdadero seguidores. Las siguientes son pruebas de ser un verdadero seguidor de Jesús:

    * amar a otros discípulos con el mismo amor que Jesús amó a sus discípulos cuando estaba en la tierra.
    * producir fruto y traer gloria al Padre; el fruto del espíritu que es: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe.

    Y Pablo nos dijo que el amor era el don más grande de todos.
    a todos les llegan el tiempo por lo menos no desde que Jesús vino y abrió el reino de los cielos; no desde que Jesús vino y le dio a todos la oportunidad de cambiar por la gracia. ver menos

    Por El Redil Del - Abril 22 2010
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